17/05/2018 francesc casadó 0Comment

Publicado en Rebelión.

No dejan de sorprender las últimas noticias sobre el presunto ataque del Ejército sirio llevado a cabo el 5 de abril con gas venenoso en la ciudad de Duma (este de Guta) un acto que no ha sido corroborado de manera independiente pero ha servido de coartada a los países occidentales para castigar al gobierno de Al-Assad. El 25 de abril la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) se desplazaba a las instalaciones asociadas al programa de armamento químico de Damasco que habían sido objetivo de los misiles lanzados por EEUU, Reino Unido y Francia confirmando sobre el terreno la ausencia de armas químicas y de destrucción masiva en las tres ubicaciones atacadas. Al día siguiente varios testigos presenciales del supuesto bombardeo con agentes tóxicos narraron en la sede de la OPAQ, sita en La Haya (Países Bajos), como miembros de los Cascos Blancos prepararon un escenario donde “muchas personas desconocidas crearon caos (…) y empezaron a echar agua a la gente” según relataron.

Los Cascos Blancos son una entidad humanitaria que se dedica a prestar ayuda a las víctimas de la guerra en el territorio controlado por las milicias del Frente Al Nusra, vinculado con Al Qaeda. Esta organización fue fundada por James Le Mesurier en 2013, un exoficial del Ejército británico que tras abandonar el ejército trabajó en organizaciones humanitarias y vinculado a labores internacionales de seguridad y contraterrorismo de EEUU. A través de su fundación Mayday Rescue ha recibido millonarias donaciones de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), Japón o Dinamarca que han servido para financiar al grupo de voluntarios.

El contexto en que el ejecutivo de Donald Trump preparó los bombardeos de represalia contra Siria no fue el más adecuado para su elaboración, desde el Estado Mayor ruso se había avisado que en caso de causar un daño directo a sus tropas estas responderían atacando a los aviones de la triple coalición. Además los habituales socios atlantistas no respondieron unitariamente a su llamamiento. El primer ministro de la República italiana, Paolo Gentiloni, declaró que el apoyo estratégico de Roma a EEUU no les da permiso para poder atacar desde las bases aéreas ubicadas en su territorio. Tampoco la canciller alemana, Angela Merkel, aceptó participar en la incursión de castigo aunque antes hubiera realizado ambiguas declaraciones de apoyo. Expertos del Parlamento alemán, a petición del partido La Izquierda (Die Linke), llegaron a la conclusión de que en Siria no se daba el escenario exigido para el ataque de la coalición occidental, violándose el derecho internacional.

Francia fue el único país no anglosajón que aceptó participar en los bombardeos. Trump ha encontrado en el presidente Macron un socio incondicional en el corazón de Europa. Cuando Trump sugirió la retirada de sus tropas del territorio sirio amenazadas por la victoria del ejército sirio sobre los rebeldes islamistas y del avance turco en el Kurdistán fue el mismo presidente galo quien advirtió a su homónimo de la supuesta amenaza que representará en el futuro para la región el Estado iraní y el grupo chií libanés Hezbolá, considerado una organización terrorista por Israel.

El mismo día 14 de abril que se produjo el raid de la coalición Rusia propuso en Naciones Unidas una resolución de condena a los ataque en Siria por parte de Estados Unidos, Francia y Reino Unido que fue votada por los miembros del Consejo de Seguridad y finalmente rechazada. Los países que se opusieron a la resolución fueron el Reino Unido, EEUU, Francia, Polonia, Suecia, Perú, Países Bajos y Costa de Marfil. A favor de la propuesta votó la delegación de Bolivia que mostró su disposición a investigar lo sucedido y aplicar duras penas a los culpables, China hizo un llamamiento a la contención y por continuar con la investigación en el marco de la ONU, y Rusia enfatizó en lo inútil de la labor diplomática cuando es hipócrita y engañosa por una de las partes. Se abstuvieron Kazajistán, Kuwait, Etiopía y Guinea Ecuatorial. Este último grupo coincidió en la necesidad de defender la soberanía de las naciones en una región que se está viendo inmersa en una espiral de violencia sin control y advirtieron de los peligros de una nueva guerra fría que en esta ocasión no se está sabiendo gestionar.

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