27/04/2018 francesc casadó 0Comment

La detención de Carles Puigdemont pone fin a su periplo por Europa del Norte. Ni Escocia ni Quebec fueron los destinos de su exilio. Estos territorios, referentes para la causa independentista, sonaron los primeros días como probables puntos de acogida del político catalán pero finalmente fue Bruselas y desde allí, invitado por diputados de Dinamarca y Finlandia, se desplazó para realizar conferencias por las principales universidades. Los países anfitriones de Puigdemont son gobernados por coaliciones con importante representación antieuropeísta de la derecha radical inmersa en la tradición WASP (las siglas en inglés de blanco, anglosajón y protestante) afines al ideario de Donald Trump y al Brexit de Reino Unido.

Con estos compañeros de viaje el expresidente se aleja definitivamente de Esquerra Republicana de Catalunya tras la ruptura de la candidatura electoral independentista Junts pel Sí. Oriol Junqueras, a través del programa Salvados de Jordi Évole, emitido la semana pasada por La Sexta, proponía a Felipe González una salida dialogada al ‘procés’ que permitiera desencallar la cuestión catalana facilitando la formación de un gobierno.

El encarcelamiento de Puigdemont en Alemania y su posterior puesta en libertad ha supuesto un peldaño más en una crisis que se trasladará al escenario de la Unión Europea. El partido de Angela Merkel es socio europeo del Partido Popular, la mediación de Berlín será imprescindible para intentar solucionar la mala gestión realizada por el Estado español de las protestas cívicas soberanistas, presos políticos y exiliados. Sin duda algo no se está haciendo bien en el país de la pandereta y las castañuelas, o al menos, como se debería hacer desde la capital germana.

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