31/01/2018 francesc casadó 0Comment

Publicado en Alainet.

El fin de la guerra contra el Estado Islámico no sería hoy una realidad si el Ejército sirio no hubiera contado con el apoyo de la Fuerza Aérea de Rusia. Los bombarderos despegaban desde sus propios aeródromos en territorio sirio. Muchas de las naciones de la región en conflicto no cuentan con suficientes recursos militares para defender su soberanía de las agresiones producidas tras la intervención de occidente y sus aliados. En el norte de África países como Libia, Egipto, Sudán o Yemen han activado los contactos entre sus respectivas diplomacias y los agregados de Moscú para negociar el despliegue en su territorio de bases militares que garanticen la seguridad. Serguéi Lavrov, ministro de Exteriores ruso, en una reciente entrevista a la agencia RIA Novosti negaba que abrir este tipo de instalaciones tenga como objetivo proyectar sus fuerzas hacia una carrera con EEUU por la hegemonía militar.

En este contexto internacional Donald Trump presentó el 8 de diciembre su Estrategia de Seguridad Nacional donde destacó el predominio de Washington en un mundo unipolar. El presidente prometió el fin de la diplomacia del dólar y las cañoneras aplicada por sus antecesores en el cargo proclamando su liderazgo en un nuevo orden que ha de ser capaz de defender la nación de cualquier agresión exterior. Su consejero de seguridad nacional, el general H.R. McMaster, definió la estrategia con otras palabras: “La Geopolítica está de vuelta y ha vuelto con venganza”. El documento califica de potencial amenaza a aquellos poderes “revisionistas” que son capaces de socavar el orden y la estabilidad, es decir, Rusia y China. Esta acusación delata el temor de los Estados Unidos a perder influencia en la gobernanza mundial: los americanos son la primera potencia en cantidad de armamento, acumulando más de mil bases militares desplegadas por el planeta; pero China en 2017 se convirtió en la mayor economía internacional y sus socios del BRICS anuncian importantes inversiones en gasto militar.

Moscú animada por sus éxitos contra el terrorismo en Siria se ha presentado ante el Gobierno libio como una fuerza de apoyo capaz de intervenir y poner fin a una guerra que se inició en 2011 con la invasión de la OTAN. Desde entonces los miembros del Congreso en Trípoli han sido incapaces de ponerse de acuerdo y las Naciones Unidas intentan sin éxito que los islamistas acepten un pacto de unidad nacional. El general Jalifa Hafter, comandante en jefe del Ejército de Libia y líder del gobierno alternativo con sede en Bengasi se entrevistó recientemente con Serguei Shoigu, ministro de Defensa ruso, para tratar sobre la lucha antiterrorista en la región.

Yemen es otro posible candidato a albergar una instalación militar. En 2015 estalló la guerra civil, los combates entre los rebeldes hutíes y la coalición dirigida por Arabia Saudita han provocado la muerte de más de 10.000 civiles. Los yemeníes han solicitado a Rusia su implicación en el despliegue de una base naval en sus costas que pueda hacer frente a la influencia de EEUU y los países del golfo Pérsico. El golfo de Adén tiene un gran valor estratégico, en sus aguas se cruzan las más importantes rutas comerciales pero los enfrentamientos en el seno del gobierno huti dificultan a las respectivas diplomacias alcanzar un acuerdo.

Donde sí estaría dispuesta Moscú a establecer un puerto sería en Sudán. El presidente del país, Omar Bashir, alarmado por las intenciones norteamericanas de balcanizar su territorio se habría entrevistado con Vladimir Putin para negociar el establecimiento de un complejo militar en las costas del mar Rojo. También estaría en proyecto otra instalación en Egipto, responsables rusos habrían negociado con El Cairo el arrendamiento de una base aérea en la localidad de Sidi Barrani, próxima a la frontera de Libia, que estaría operativa el año que viene y sería compartida con la aviación egipcia.

Fuente de la imagen: HispanTV

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