07/08/2016 francesc casadó 0Comment

[Leer el artículo en inglés]

Publicado en Naiz.

Reino Unido decidió abandonar la Unión Europea, el temor de la mayoría de los británicos a los efectos negativos que provoca la inmigración dio la victoria al Brexit en el referéndum. La iniciativa influirá en el crecimiento económico que en su día acordaron los países miembros de la organización y afectará a sus principios ideológicos neoliberales. Un ejemplo de esta nueva praxis antidemocrática lo tenemos en el «decretazo» aprobado en la Asamblea Nacional francesa por el gobierno Hollande para poder echar adelante el proyecto de ley de reforma laboral.

Las negociaciones sobre el Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP) están estancadas, el acuerdo comercial es negociado en secreto entre Bruselas y Washington pero sus objetivos están provocando el rechazo y la preocupación de algunos socios europeos, sobre todo desde el punto de vista alimenticio, climático y de predominio de las grandes empresas sobre los Estados. Reino Unido es la quinta economía mundial y ha mantenido desde siglos excelentes relaciones con EEUU. Un acuerdo comercial similar al TTIP limitado a las dos potencias anglosajonas significaría grandes beneficios para sus respectivas economías. En esta dirección irían las declaraciones del candidato republicano Donald Trump al romper el pacto de silencio impuesto por los demócratas en torno al Brexit y afirmar: «Es grandioso que los británicos hayan recuperado el control».

El territorio de la Unión Europea está dividido en tres regiones con diferentes afinidades políticas, en Europa del Norte la derecha populista y euroescéptica ha obtenido el poder en la mayoría de países. El populismo de derecha o neo-populismo se inició en la Argentina de Carlos Menem y en Perú con Alberto Fujimori, estados subdesarrollados y en crisis que aplicaron las medidas neoliberales que les fueron dictadas desde Washington.

En Finlandia el ultraconservador Timo Soini, líder del Partido Verdaderos Finlandeses, es desde 2015 viceprimer ministro gobernando en coalición con el centro europeista. El Partido Popular Danés, de derecha radical, fue el segundo más votado y apoya al actual presidente Lars Løkke, un político de centroderecha. Noruega, el país de los fiordos, no pertenece a la Unión Europea, su ejecutivo fue formado en 2013 por Erna Solberg, líder del Partido Conservador, cediendo a la extrema derecha siete ministerios, algunos tan importantes como Asuntos Sociales o Finanzas.

Ley y Justicia (PiS) gobierna con mayoría absoluta en el parlamento Polaco, su presidente Andrzej Duda representa la derecha mas conservadora y aferrada a la iglesia. Polonia ocupa un espacio geopolítico muy complicado: su incorporación a la UE en 2004 significó la ampliación de la organización hacia el Este de Europa y ahora es el mayor receptor de fondos para infraestructuras e innovación industrial además de ser miembro activo y destacado en los planes de la OTAN; comparte frontera con Rusia y Bielorrusia; y en lo ideológico participa del discurso eurófobo que se está imponiendo en los países anglosajones protestantes.

El resto de Europa se mantiene alejada del populismo de derecha. Para los estados periféricos del Sur la prioridad es la crisis económica y las estrictas condiciones impuestas por la Troika para la devolución de la deuda en las naciones rescatadas, esta situación ha favorecido el voto a gobiernos de izquierda en Grecia, Portugal o Italia. El Centro de Europa se encuentra dividido respecto a las duras sanciones aprobadas en Bruselas contra Rusia por su participación en la crisis ucraniana. Austria, Chequia, Hungría, Francia y Eslovaquia abogan por cancelar o aliviar paulatinamente las sanciones a Moscú o de lo contrario se verán afectadas las relaciones económicas y comerciales bilaterales. Este bloque lo forman estados de izquierda socialdemócrata con menor afinidad al neoliberalismo atlantista liderado por Alemania. Hungría es conservadora y rusófila, entre su población se está produciendo un considerable aumento de la admiración por el presidente Putin.

Los países que formaron Yugoslavia se han visto afectados por el Brexit ya que el Reino Unido era el principal valedor de la ampliación de la UE hacia los Balcanes. Los candidatos preferentes a la incorporación eran Bosnia-Herzegovina y Kosovo pero el abandono británico ha significado aparcar las aspiraciones de ambas naciones. En el caso de Kosovo, estado de mayoría suní, el fin de la esperanza europea puede obligarle a dirigir sus intereses hacia Ankara, el presidente turco Erdogan promueve una política exterior islamizada destinada a influir en los antiguos territorios del Imperio otomano en el Mediterráneo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *