19/02/2015 francesc casadó 0Comment

Artículo publicado en Rebelión

A raíz del criminal atentado perpetrado por el islamismo radical en París contra el semanario ‘Charlie Hebdo’ y del actual estado de inseguridad provocado se ha abierto el debate en los medios del viejo continente sobre lo ético o no de publicar las caricaturas humorísticas del profeta Mahoma.

El pensamiento laico, tolerante y europeísta que tan bien fuera expresado por el filósofo Ortega y Gasset, y que tantos réditos electorales ha dado a la socialdemocracia, debería ser argumento suficiente para no menospreciar una cultura que no es la propia ni cuestionar sus creencias religiosas bajo pretexto de mantener un conflicto armado en Oriente Medio. En defensa de la publicación de las viñetas satíricas se afirma que sin libertad de expresión no hay democracia y aquellos que la atacan son enemigos de la democracia y de “nuestra civilización”.

En un sentido amplio la civilización se caracteriza por la etnia y la religión sin considerar su desarrollo socioeconómico. La moderna teoría del “Choque de civilizaciones” defendida por Samuel Huntington, un ideólogo del Partido Republicano de EEUU, afirma que se va a producir una reconfiguración del orden geopolítico debido a la oposición entre culturas más o menos herméticas y cerradas que son obligadas a relacionarse en pleno proceso de globalización mundial, en contra de esta teoría se ha argumentado que el carácter musulmán de Turquía no le ha impedido ser miembro de una organización militar de primer orden como es la OTAN o que el bloque económico que agrupa a los países emergentes, los BRICS, representa a estados de cuatro continentes sin que por ello la población esté abocada a renunciar a parte de su legado cultura o a su propio idioma.

No solo el integrismo yihadista es una doctrina despótica e irracional, también el oscurantismo religioso que ha caracterizado a la ideología fascista desde sus inicios en el siglo XX, sirvan como ejemplos el incondicional apoyo del clero español a la represión llevada a cabo durante el franquismo o la complicidad de la orden en los crímenes de lesa humanidad perpetrados por la dictadura militar argentina.

Durante el desarrollo del violento golpe de Estado de Kiev la iglesia greco-católica ucraniana jugó un destacado papel que apenas tuvo relevancia para los mass media, se trata de una congregación religiosa dependiente de Roma que reapareció en el país en la década de los 90 después que fuera erradicada por Stalin, y está enfrentada a la iglesia ortodoxa dependiente del Patriarcado de Moscú. El pogromo de las minorías étnicas así como la intolerancia religiosa hacia otras creencias han sido habituales desde entonces.

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