11/10/2012 francesc casadó 0Comment

El fuego cruzado de morteros en la frontera turca no acaba de dar la razón a quienes especulan con la definitiva internacionalización de la guerra civil en territorio sirio. En junio el enviado de la ONU, Kofi Annan, renunció como mediador en el conflicto entre los rebeldes y el “régimen” de Al-Assad, su renuncia coincidía en el tiempo con la masacre en la ciudad de Houla donde murieron 108 personas, entre ellas 49 niños, la autoría continua sin esclarecerse, Occidente denuncia al ejército regular pero el gobierno sirio y Rusia sostienen que fue obra de bandas armadas islamistas.

Asombra, por sus características, el paralelismo entre la matanza de Houla y los crímenes cometidos durante la década de los 90 en Argelia donde se contabilizaron más de 80.000 víctimas, dos terceras partes lo fueron a manos de integristas entre la población civil. Este trágico y prolongado enfrentamiento terminó con la aceptación de una tregua presentada por el actual presidente en el cargo, Buteflika, y fue oficializada por el brazo armado del Frente Islámico de Salvación (organización islamista moderada) iniciándose un proceso de reconciliación nacional del que quedo excluido el Grupo Salafista (actual Al Qaeda).

Un plan de paz similar en Siria supondría la apuesta por el dialogo de todas las partes implicadas, el coste humanitario y la amenaza para la seguridad internacional justifican todos los esfuerzos, la mayoría de la población en Turquía y otros países de la región se han manifestado claramente contra la escalada bélica en Siria.

El consenso internacional en Naciones Unidas está siendo quien dicta las resoluciones, aun bajo la antidemocrática amenaza estadounidense de actuar fuera de la ONU tras los continuados vetos de China y Rusia a los intentos de imponer sanciones al gobierno del presidente Bashar Al-Assad. Francia es otro país disidente con los esfuerzos para encontar una vía pacífica al conflicto, sus intereses neocoloniales e imperialistas por el control indirecto de la economía en sus antiguas posesiones llevaron al expresidente Sarkozy a liderar la campaña militar contra Libia y ahora el socialista Hollande se propone hacer lo propio en Mali. La tensión entre las metrópolis y sus colonias está ascendiendo un peligroso peldaño, tanto en el estrecho de Ormuz como en las Islas Diaoyu, Malvinas, Gibraltar o Ceuta y Melilla.

Artículo publicado en La República

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