23/08/2012 francesc casadó 0Comment

El término “populismo” se está imponiendo en el discurso político, tanto su significado peyorativo, por ejemplo el habitual lenguaje demagógico de la exdiputada del PPSOE Rosa Díez o el Partido Humanista, como por su significado histórico. El populismo tuvo su origen durante la primera mitad del siglo XX en la Argentina de Perón, México y Brasil, su auge se debió a la desconfianza de la ciudadanía en su “clase política”, de ideología liberal y nacionalista obtuvo la victoria electoral gracias al apoyo de estudiantes, campesinos y pequeña burguesía, la privilegiada familia que formaba parte de la sociedad civil fue integrada en el estado, sus legislaturas terminaron siendo derrocadas por dictaduras militares.

El filósofo marxista Slavoj Zizek analiza con detenimiento los actuales efectos de esta corriente política en uno de sus artículos:
“(…) Cuando somos sometidos a un chantaje como el del plan de rescate financiero debemos vigilar la intención de dicho chantaje, y esforzarnos entonces por resistir a la tentación populista de dar expresión a nuestra cólera y darnos de golpes. En lugar de ceder a una expresión impotente como esa debemos dominar nuestra molestia para transformarla en la firme resolución de pensar, reflexionar de una manera realmente radical, de preguntarnos sobre el tipo de sociedad que estamos en camino de dejar, que hace posible chantajes de este género”. (1)

La población inmigrante extranjera también forma parte del discurso populista que ve en ella a la culpable de buena parte de los problemas socioeconómicos ignorando que el trabajador venido de fuera es la principal víctima de la segregación y exclusión por motivo de raza.

Durante la edad media la esclavitud en España fue habitual, el esclavo musulmán fue sustituido progresivamente por el de origen asiático dada su excepcional resistencia física, poco han cambiado los tiempos para el inmigrante de nacionalidad china que se ve obligado a trabajar durante interminables jornadas hacinado en un reducido espacio, garantizando, así el consumo de una serie de productos básicos (textil, calzado, etc) a una población autóctona con su capacidad económica mermada por la crisis.

El estado y los agentes que forman la sociedad civil intentan a través de hipócritas “políticas identitarias” integrar las distintas culturas populares, es tópico pensar que en nuestras calles tenemos todo tipo de tiendas y restaurantes del mundo, nuestra identidad “cosmopolita” es compatible con la identidad degradante de personas “tercermundistas”.

1. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=76007

Bibliografía
Slavoj Zizek, En defensa de la intolerancia, Ediciones sequitur.
Mikel Aramburu Otazu, Los comercios de inmigrantes extranjeros en Barcelona y la recomposición del “inmigrante” como categoría social, Scripta Nova.

Artículo publicado en la sección La izquierda a debate de Rebelión.org

 

 

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