06/03/2012 francesc casadó 0Comment

Tres razones para dudar del futuro de la UE, primero la actitud violenta y xenófoba hacia los vecinos países árabes, segundo la nula viabilidad para superar su actual estatus confederal y transformarse en una unión, tercero la incapacidad manifiesta de sus líderes para salir de la actual crisis con más medidas de ajuste neoliberales.

La doble moral de la que ha hecho gala la clase política y la sociedad civil europea para dirigir la “guerra humanitaria” contra Libia prescribe un futuro de relaciones neocoloniales Norte-Sur, de intervención de ONGs y empresas multinacionales extranjeras en los mercados de África y Oriente Medio. Las sospechosas circunstancias que llevaron a la muerte del dirigente Muamar Gadafi, algo que no sucedió en Yugoslavia durante la detención de Slobodan Milosewitch, dejan al descubierto su componente racista.

La UE a pesar de su nombre no es una unión de naciones, tampoco es un estado federal, se trata de un sistema más elemental, es una comunidad internacional con las características de una moderna confederación sin constitución ni elección directa de su presidente.

El lenguaje siempre ha tenido la habilidad de integrar distintos grupos territoriales en un área de economía conjunta, la UE no tiene un idioma oficial pero gracias a la Comunidad Económica Europea (CEE), su principal pilar, ha podido realizar el sistema del euro.

La historia moderna ha forjado la aparición de las Uniones: Italia unificada por Garibaldi; Washington y la guerra de independencia en EEUU; URSS, todas surgidas en la lucha contra la opresión y la tiranía, nunca como organizaciones en expansión siguiendo las órdenes dictadas por el capitalismo.

A la utopía burguesa de un continente unido ahora hay que sumar las utópicas políticas de ajuste en los países periféricos sometiéndolos a planes de rescate o imponiendo “gobiernos de unidad” dirigidos por tecnócratas afines a Bruselas limitando aún más, si cabe, la soberanía nacional y bancaria de Grecia e Italia. La clase trabajadora no puede enfrentar con tibieza esta agresión, contra la Europa del capital la Europa de los pueblos, de la democracia y el Frente Popular que haga posible una respuesta social al neoliberalismo.

Artículo publicado en Tercera información

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