05/03/2012 francesc casadó 0Comment

Obama es Mubarak o al menos eso parece dada la impunidad judicial con que cuenta el ex mandatario egipcio tras la represión de las revueltas que en su país causaron 365 víctimas mortales y 5.500 heridos sin que se haya presentado todavía ninguna acusación por crímenes contra la humanidad, contrasta esta actitud tolerante con la vehemencia de la Corte Penal Internacional (CPI) o la Interpol desatada hacia el líder libio Moamar Gaddafi y su familia. Solo una denuncia por corrupción y a título personal ha sido presentada por el ex parlamentario egipcio Mustafá Baku contra Hosni Mubarak y otros altos cargos durante su mandato. En la actualidad se cree que continúa en su palacio de la costa del Sinaí, es posible que su destino siga el periplo de otro criminal dictador como fue Augusto Pinochet, es decir: visita a hospitales en el extranjero; retorno al país con inmunidad política e inmunidad por problemas de salud hasta su muerte.

Las revueltas radicales sucedidas en Egipto, Argelia, Túnez, Marruecos, Yemen y Bahreín tienen su detonante en los jovenes y la precariedad en la que se encuentran sumidos víctimas de la política neoliberal impuesta por EEUU y el Fondo Monetario Internacional (FMI) pero también en un fuerte sentimiento antiimperialista y en la defensa de su propia identidad cultural y religiosa, para el islam la palabra “Yihad” es sinónimo de esfuerzo y lucha, su definición en Wikipedia es: “Actualmente muchos regímenes musulmanes usan el término (gran) yihad para referirse a la lucha contra el subdesarrollo, el hambre, el analfabetismo, al tiempo que la oposición añade la lucha por las libertades, la justicia social, etc (…)”.

La OTAN y la UE temen la revolución social en los países de Oriente Próximo pero no consiguen el consenso necesario para recurrir a la fuerza. El ministro de asuntos exteriores francés Alain Jupé declaraba recientemente que un “plan de contingencia” en territorio libio como la creación de una zona de exclusión aérea -tomando como modelo los Balcanes en la década de 1990- “podía unir las opiniones públicas y los pueblos árabes en uno contra el norte del Mediterráneo”.

Mientras las grandes potencias militares se desplazan hacia el área de conflicto la capital, Trípoli, y sus brigadas gadafistas lanzan ataques contra las ciudades insurgentes del este en una guerra de posición, bombardeos contra arsenales, centrales eléctricas, cuarteles o aeropuertos se suceden en un intento por `desgastar´ los recursos contrarios y hacer mermar su moral. Un conflicto de estas características se podría encastrar en una guerra civil entre dos bandos separados por un frente de combate durante tiempo indefinido.

Publicado en Tercera información | Article en català a KaosenlareD

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