02/03/2012 francesc casadó 0Comment

El debatido término “decrecimiento”, utilizado por el movimiento ecologista, es una corriente de pensamiento favorable a la disminución regular de la producción económica con el objetivo de establecer una nueva relación de equilibrio entre el ser humano y la naturaleza reivindicando la conducta espontánea e individual del ciudadano para conseguirlo. El reto estaría en vivir mejor con menos.

Esta teoría se opone al actual modelo socioeconómico liberal de “desarrollo sostenible” o “sociedad del bienestar”, iniciado en los años 80, basado en el libre mercado, democracia y prestaciones sociales.

En un reciente artículo de Carlos Taibo titulado “Sobre el término `decrecimiento´ y sus usos” el autor hace una reflexión sobre este término, reproduzco uno de los párrafos: “(…) Ello no es óbice para que quienes nos reclamamos del decrecimiento pongamos todo nuestro empeño en subrayar que el proyecto correspondiente no implica en modo alguno, antes al contrario, una general infelicidad. Trabajaremos menos y, muchos, ganaremos también menos dinero, pero disfrutaremos de más tiempo para otros menesteres y demostraremos fehacientemente que es posible vivir, más felices, consumiendo mucho menos y asumiendo, claro, un ambicioso proyecto de redistribución de la riqueza.”

Ante la degradación y crisis del neoliberalismo C. Taibo nos sugiere nuevas formas de consumir, aparentemente menos agresivas, como cambiar del consumo de bienes al consumo de servicios o tiempo libre que cada vez tiene más vigencia en las sociedades desarrolladas, el autor olvida en un exceso de celo que no necesariamente estaremos realizando un gesto ecológico de consumo responsable.

Para poder realizar un plan de redistribución de riqueza, de transformación social es necesaria una ideología de la que carece la teoría del decrecimiento. Según el ecólogo marxista francés Jean Zin la necesidad del decrecimiento es válida pero se basa en un voluntarismo idealista donde se supone que pequeños gestos nos salvarán colectivamente mientras que las fuerzas sociales necesarias faltan completamente.

La “ecología política” como ideología verde si es capaz de proponer alternativas a los actuales modelos capitalistas, basándose en la acción desde la base, en cooperativas municipales, por ejemplo la experiencia socialista de Marinaleda, transformando los medios de producción (la tierra y el capital) en instrumentos de trabajo libre y asociado, una iniciativa solidaria por una sociedad más sostenible y humana.

Artículo publicado en La Fogata

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